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Julieta Jankunas: La jugadora chiquita que quiere ser Gigante

Tuvo que dejar ser “nena de mamá” de golpe y aprender a armar y desarmar el bolso sola, a lavarse la ropa (descubrir si era con agua fría o caliente), a organizarse su almuerzo, su merienda y su cena. Y en realidad todavía podría estar en edad para que mamá le esté atrás. Se dio cuenta después de haber dejado los botines mojados en la funda un día entero y encontrarse con un terrible olor a humedad, que ya se tenía que hacer cargo de sus cosas. Tiene 16 años pero vive prácticamente sola, o con otras jugadoras no mucho más grandes, en el CeNARD o en un hotel cercano al Centro de Alto Rendimiento. Su sueño la obligó a desprenderse rápido del colegio, de la ciudad cordobesa en donde nació, de sus amigas y de su familia. Quiso ser Leona, y debutó con el plantel en la reciente gira a Nueva Zelanda. Siempre fue la más chica de los seleccionados, y es que su talento parece estar súperdotado para la categoría que le corresponde

Arrancó a jugar en el club Tala de Córdoba, pero a los nueve años se cambió a Universitario, de donde también es Soledad García. Además hacía gimnasia rítmica y su sueño estaba más con los elementos y las figuras corporales que con el palo y la bocha, pero se dio cuenta que le costaba menos hacer el dribbling y se inclinó de lleno por el hockey. “Desde que descarté la gimnasia rítmica, mi sueño era Las Leonas. Las veía y quería estar ahí, pero sabía que era el sueño de muchas y de ahí a que se cumpliera era medio complicado, y era chica. Empecé a entrenar y a entrenar. Cuando me convocaron para entrenar con Las leonas, no lo podía creer, estaba llena de felicidad”, contó Juli con su sonrisa radiante y su tonada tan particular.

- ¿Cómo fueron los procesos selectivos por los que pasaste?

-Con 12 años ya estaba en mi primer Sub 14, imaginate, era una bebé. Me entrenaba mucho, me entrenada aparte, iba antes al club. Cuando tenía edad de séptima, entrenaba con las de quinta del club, y después arranqué a entrenar en Primera, el ritmo siempre me lo dieron mis compañeras. De un día para otro me llamaron de Buenos Aires para un Panamericano Sub 18, que fue cuando tenía 14 años. Me dieron la noticia unos días antes de cumplir 15, y ese fue el mejor regalo de mi vida, haber quedado en la lista. Salimos campeonas y todo. Estaba feliz.

-¿Cuándo y cómo fue la primera vez que entrenaste con Las Leonas?

-Este año fue la primera vez que entrené con ellas. Fue increíble. Estábamos con el Junior entrenando, en el medio del entrenamiento Santiago Capurro dijo: “Eushi (Trinchinetti), Majo (Granatto) y Juli, vengan”. Se me paralizó el corazón, sólo me preguntaba: “¿Qué hice? ¿Qué hice?”, estaba segura que nos iba a retar por algo. Fuimos y nos dijo que iba a salir la lista de Las Leonas, hizo una pausa, que fue la más larga del mundo, y nos dijo: “Ustedes están”. Yo las miraba a las chicas y no sabía si reírme o llorar de emoción. Nos dijo que no importaba la edad, que si teníamos que quedar, nos iban a dejar y terminó diciendo: “A seguir entrenando ahora, vayan”. Después de eso, no podía ni agarrar el palo, parecía una nena de dos años. Pisé la cancha y pensaba: “Estoy con Las Leonas, con las que yo veía en la tele, con Delfi Merino, Carlita Rebecchi”. 

No se le borra la sonrisa, por nada. Como si todo el tiempo se estuviera recordando que llegó a donde quería. No se lo permite porque entiende que estar lejos de lo quiere con el alma, es estar cerca de lo que también quiere con el alma, entonces disfruta, sin objeciones. Sentada y relajada en la puerta del Hotel del CeNARD, Julieta asegura que ahora, un poco, esa es su casa.

-¿Cómo es vivir sola en el CeNARD?

-Acá en el CeNARD tenés todo, porque tenés horarios para almorzar, para merendar y cenar. Es todo más fácil. Pero a veces paramos en un hotel cerquita donde sólo nos dan el desayuno y la merienda, entonces nosotras tenemos que ir consiguiendo y organizando todo el resto. Para mí es complicado, de estar con mis papás y que me hagan todo, a hacer todo yo. Fue un cambio de 3500 grados. Encima soy “nena de mamá” y algunas que son más grandes se me ríen porque hay cosas que no sé ni siquiera si se lavan con agua fría o caliente (se ríe), pero voy aprendiendo. Yo entraba a mi casa, dejaba el portapalos y mi mamá iba atrás mío y sacaba los botines y la ropa sucia. El otro día me los olvidé y tenía todo un olor a humedad terrible, un asco. Ahora ya aprendí. Son cosa que hacía mi mamá (se ríe y y levanta su hombros poniendo las manos en bandeja como insinuando que no le queda otra opción que hacerlo ella).

-¿Y cómo hacés con el colegio? Todavía no terminaste la secundaria.

-Les conté la situación y lo entendieron así que me mandan trabajo por Internet y yo se los reenvío hecho. Mi mamá me ayuda mucho con eso, pero no es tan fácil.  Por ejemplo en matemática me dicen: “Realizá estos ejercicios”. (Se ríe) ¿Qué? No entiendo nada, y ahí llamo a un compañero que me explique, o busco una explicación en Google.

De lunes a viernes está en Buenos Aires, y los fines de semana viaja a Córdoba para el sábado poder jugar con sus amigas con la camiseta de su club. Su vida gira alrededor del hockey. 

-Hay muchos que creen que sos chica para estar ya en Mayores, que te podés cansar rápido, que estás quemando etapas. ¿Qué pensás vos?

-Me lo han dicho: “Juli, te vas a cansar, te estás apurando, vas a terminar quemada”. Lo que les respondo a todos es que ni pienso en eso. Si las cosas se dan así es por algo y yo disfruto muchísimo de lo que estoy haciendo. Si a mí me gusta y la paso bien, no hay forma de que me canse y mucho menos de que queme etapas.

-¿Cómo vivís todo lo que pasa alrededor de Las Leonas hoy, los cambios de entrenador?

-Mi sueño era Las Leonas, no me importa nada, yo quería llegar y llegué. Me enfoco sólo en entrenar.

-¿Qué te dicen las más grandes? Algunas te doblan en edad.

-Antes del primer partido en Nueva Zelanda, hicimos una charla y las más grandes nos contaban anécdotas e historias de lo que fueron viviendo. Fue re lindo. Después teníamos que hablar todas y decir algo que le aportábamos al equipo y algo que nos gustaba del equipo. Y cuando me tocó hablar a mí, me largué a llorar. Las chicas se me reían. No sabía qué decir, tenía una mezcla de sensaciones y no podía hablar. Tenía a Noe (Barrionuevo), a Belén (Succi) contando eso adelante mío. Traté de sacar lo mejor de ellas, me transmitieron un montón de cosas.

Dice que su familia es todo, que nada hubiese sido posible sin su apoyo. Que extraña mucho a su hermano y él a ella. Por eso su objetivo más cercano es quedar en la lista de convocadas para jugar las finales de la World League que se disputará en Rosario del 5 al 13 de diciembre de este año. “Quiero que mi familia me vea jugar y disfruten conmigo. Después, obviamente sueño con los Juegos Olímpicos de Río, que además voy a llegar con una edad más real (se ríe)”, agregó Juli. 

Mezcla de ingenuidad y un poco de madurez obligada. De sueños y realidad. Julieta Jankunas tiene mucho más que el talento para jugar en Las Leonas. Tiene los pies sobre la tierra pero se permite volar un poco, lo necesario para no perder nunca las ganas y el entusiasmo de cumplir lo que imaginó desde muy chica (que no fue hace tanto porque apenas tiene 16 años).

Por Sheila Shab, especial para Hockey Mobile 
En Twitter: @Sheishab